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Kombucha: el hongo del Té.

Comienza esta sesión:
En los últimos días he tenido varias consultas sobre este hongo que, al parecer, se está poniendo muy de moda en los herbolarios de nuestro país.
Está adquiriendo tal popularidad que es difícil asistir a una reunión profesional sin que aparezca uno o varios de sus admiradores que expliquen toda suerte de maravillas de este Kéfir de Té.

Sus bondades, desde mejorar ostensiblemente la calidad de piel y cabellos, hasta la cura casi milagrosa de gravísimas enfermedades.

Lo cierto es que merece la pena pararse a investigar un poco este misterioso liquido que también genera reticencias, dado su carácter de ser vivo y en constante crecimiento.

La Kombucha es un hongo cuya fermentación produce una bebida tradicional y milenaria, refrescante, saludable y curativa; su sabor recuerda ligeramente a la sidra de manzana, con un leve regusto avinagrado.
Proviene de la zona de Asia Oriental, y llegó a Alemania a través de Rusia a finales del siglo XIX.
Es una fábrica viviente que consume té azucarado y lo convierte en otras sustancias muy valiosas.

Hace más de 50 años, una investigación llevada a cabo por la Academia Rusa de Ciencias y el Instituto Central de Investigaciones Oncológicas de Moscú, descubrió que este hongo no se trata de un solo organismo, sino de una colonia simbiótica de bacterias y levaduras con vías metabólicas muy sofisticadas.

Casi no existen estudios realizados según el denominado método científico, todas las referencias sobre este hongo nos han llegado a través de practicantes de la medicina natural.

Los beneficios de la Kombucha se deben a la combinación de compuestos nutrientes, desintoxicantes, desinflamantes y antibióticos:
Revitaliza los tejidos, equilibra el metabolismo y estimula las glándulas de secreción interna. Esto explica que sea multicuradora.
Estimula el sistema inmunológico.
Mejora la digestión promoviendo el desarrollo de la flora intestinal. Regula los movimientos del intestino haciendo desaparecer el estreñimiento.
Limpia los riñones y la vesícula biliar.
Ayuda a reducir las grasas y a bajar de peso.
Mejora la piel.
Contribuye a curar la artritis, artrosis, gota y reumatismo. Reduce el dolor de las articulaciones.
Previene las enfermedades coronarias, arteriales y paros cardíacos al contribuir a normalizar la presión y el colesterol.
Colabora en la elaboración de hormonas y en la recuperación del vigor sexual.

Para su preparación, al igual que en otro tipos de Kéfir, como el de leche o el de agua, hay que tener presente que trabajamos un ser vivo y que es necesario un cierto ambiente de limpieza en todo el procedimiento.
Necesitaremos dos litros de agua, una taza de azúcar blanca o morena, dos saquitos de té verde o negro, una kombucha madre sana y una taza de jugo de kombucha fermentado o si no disponemos de él una taza pequeña (de café) de vinagre.
Frascos limpios de vidrio o plástico de boca ancha.
Tela para cubrir la boca de los recipientes, evitando que el cultivo se contamine pero sin impedir la respiración de la kombucha.

Poner al fuego los dos litros de agua con la taza de azúcar.
Cuando rompa a hervir, apagar el fuego y añadir el té.
Cuando se enfríe sacar las bolsas de té o colarlo. Volcar esta infusión en el frasco.
Añadir el vaso de jugo de kombucha o la taza pequeña de vinagre y la kombucha madre.
Cubrir la boca del frasco con la tela sujetándola con una goma elástica o similar. Dejar descansar en un sitio oscuro y fresco entre 8 y 12 días.
Luego extraer la kombucha madre y ponerla en un plato con un poco de su jugo.
Llenar las botellas con el té. Si se quiere almacenarlo en botellas de vidrio, es recomendable que se les pongan tapones de corcho, para evitar que la acumulación de dióxido de carbono pueda provocar la rotura de las misma.
Lavar los frascos y preparalos para un nuevo cultivo.
Durante cinco días mantener la kombucha embotellada fuera de la nevera. La actividad de las bacterias benignas se detendrá por la ausencia de aire pero las levaduras continuarán trabajando.
Si la botella está bien cerrada, el gas producido por la actividad de las levaduras no podrá escapar y la kombucha se volverá efervescente.
A los pocos días, las levaduras dejarán de producir gas y se podrá mantener las botellas en el refrigerador mientras se van consumiendo.

En cuanto a la dosis, lo mejor es empezar a tomarlo en pequeñas cantidades , por ejemplo dos tazas pequeñas al día, y a partir de aquí, ir aumentando hasta llegar a un vaso grande diario. Para niños pequeños, la mitad.
Para personas con enfermedades graves se puede tomar hasta medio litro o tres cuartos de litro al día.
Aunque no hay efectos adversos, si se empieza con una dosis alta, la desintoxicación rápida y enérgica del organismo puede provocar algunos malestares pasajeros.
Está contraindicada en embarazadas por su contenido en heparina y en los periodos de lactancia porque puede tener un efecto laxante en el bebé.
También hay que tener precaución en no dársela a bebés con menos de un año de vida, pues su sistema inmunitario aún se está formando.

Para apliar esta información recomiendo este artículo de la revista Discovery Salud.

Fin de esta sesión.





2 comentarios:

Gise =) dijo...

Hay cuantas cosas nos traes!!!! yo habia oido esto del hongo del te pero la verdad no sabia muy bien de que iba, y si de verdad era bueno o no para la salud...ahora lo se gracias Juan!!!!!!!!!
Besitos !!!!!!

lili dijo...

me han dicho que este hongo del te es muy bueno, por eso me gustaria que alguien me pudiera decir donde lo puedo conseguir aqui en Barcelona -España
por favor para cualquier informacion hacedme llegar al email
gulilicar@hotmail.com
muchas gracias por adelantado a la fina atencion que le den a la presente.
saludos a todos.
LILIANA

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